
TOMÁS LUIS DE VICTORIA
Nació en Ávila, España, hacia el año
1548 (?). Comenzó su carrera musical cantando en el coro de la Catedral de
Avila. Gracias a una concesión del Rey Felipe II de España, viajó a Roma
alrededor de 1565 para continuar sus estudios, y se ubicó en el Colegio
Germánico Jesuítico en Roma como cantante. En esa ciudad conoció al compositor
italiano Giovanni Pierluigi da Palestrina, con quien probablemente haya
estudiado. Lo cierto es que en 1571 lo sucedió como director musical del
Collegium Romanum.
En 1587 fue nombrado por Felipe II capellán de la
capilla de su hermana, la Emperatriz María, quien en 1581 se había retirado con
su hija a un convento adinerado de Madrid, el Monasterio de las Descalzas de
Santa Clara. Victoria sirvió aproximadamente veinte años como maestro de la
capilla musical del convento, además de su capellanía. Desde 1604 hasta que
murió en Madrid, en 1611, el compositor restringió sus actividades a tocar el
órgano. Su música se imprimió a lo largo de la Europa católica, era extensamente
conocida, y jugó un papel importante en la formación de la vida musical de las
catedrales españolas del Nuevo Continente, como las de Lima, Bogotá, y México.
Cosa inusual, toda su obra fue publicada en vida del autor.
La producción
completa de Victoria es de música sacra, y nos descubre a un compositor
comprometido con los contenidos de la era post-conciliar. Escribió
aproximadamente 20 misas y alrededor de 60 motetes y otros trabajos litúrgicos.
Sus composiciones exhiben estilos diferentes según su tipo: en los motetes la
escritura es afectiva y hasta manierista. En las misas tiene un formato más
sobrio, textualmente conciso pero musicalmente inventivo. Se distingue el hábil
empleo del contrapunto y su textura polifónica coherente, así como el uso de
recursos innovadores por la honda expresión emotiva del texto, con gran
intensidad mística.